Diálogo PSI

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El autocuidado

El autocuidado

Miércoles, Julio 22, 2026

Jaime Cuitláhuac,21 de Junio de 2026

Pocas palabras han sido tan vaciadas de contenido en los últimos años como autocuidado. Lo que originalmente nombraba una necesidad psíquica genuina se ha convertido en una industria: rutinas de skincare, velas aromáticas, retiros de bienestar y aplicaciones de meditación que prometen, por una suscripción mensual, la paz interior. El problema no es que estas cosas sean malas en sí mismas. El problema es que han desplazado una pregunta más incómoda y más necesaria: ¿qué significa realmente cuidarse a uno mismo?

El autocuidado genuino tiene que ver con lacapacidad de estar con uno mismo: de tolerar la propia compañía, de reconocer las propias necesidades sin negarlas ni exagerarlas, de sostener estados emocionales difíciles sin huir de ellos inmediatamente hacia el consumo, la pantalla o la actividad compulsiva.

Donald Winnicott describió la capacidad de estar a solas como uno de los logros más importantes del desarrollo psíquico, y señaló algo paradójico: aprendemos a estar solos en presencia de otro. El niño que juega tranquilo mientras su madre está cerca sin intervenir está desarrollando una capacidad que más tarde le permitirá habitar su propio mundo interior sin angustia. Cuando esa experiencia temprana fue insuficiente, el adulto resultante puede encontrar la soledad interna insoportable y buscar constantemente estímulos externos que la llenen.

Desde esta perspectiva, el autocuidado real no se compra: se construye, con frecuencia penosamente, a través del trabajo sobre uno mismo. Implica desarrollar lo que el psicoanálisis llama función reflexiva: la capacidad de pensar sobre los propios estados mentales, de preguntarse qué se siente y por qué, de reconocer cuándo uno está actuando desde el miedo, el dolor o la necesidad no satisfecha.

Implica también aprender a poner límites no como acto de agresión sino como acto de cuidado: hacia uno mismo y hacia los demás. Un límite bien puesto no aleja; organiza el vínculo sobre bases más honestas.

Y quizás lo más contraintuitivo: el autocuidado genuino incluye la disposición a pedir ayuda. En una cultura que glorifica la autosuficiencia, reconocer que uno necesita a otro —un amigo, un terapeuta, un espacio de reflexión— es uno de los actos de cuidado más valientes y más difíciles.

Cuidarse de verdad no es siempre placentero. A veces duele, incomoda y exige. Pero transforma.

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